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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Dame vida no dogmas de vida

No ha de interesarnos tener una salida teórica para siempre, una explicación “coherente” que nos deje tranquilos con su respuesta, y sin preguntas. Nos interesa estar vivos, y así poder percibir las limitaciones para comprender, sentirnos cómodos y sin complejos en la ignorancia. No es poder lo que necesitamos, sí el sentimiento de estar participando de la vida, mientras ésta nos haga partícipe de su devenir

sábado, 15 de diciembre de 2012

El gran Inquisidor


“El gran Inquisidor” y el #15M

“El gran Inquisidor” es un cuento escrito por Fiódor Dostoievski. El escritor ruso del siglo XIX, conocedor como pocos de la psicología humana, describe cómo hubiera sido la “venida” de Jesucristo a España en tiempos de la Inquisición.

En este relato, reconocido por el pueblo después de haber hecho algunos milagros, Jesús es encerrado para que no “estorbe”. El Inquisidor le explica que no puede permanecer libre porque sus palabras acabarían con lo que hasta entonces han enseñado a la gente: milagro, misterio y autoridad.  Las personas deben ser conducidas hacia la felicidad ya que no saben llegar a ella de manera individual.
 En estos días de crisis, indignados, países en estado de quiebra, millones de parados, etc., ¿cómo responderíamos a una venida de Jesucristo?. ¿Le reconoceríamos? ¿Tendríamos miedo a los cambios que traería? ¿Acamparía en Sol o en cualquiera de las otras plazas?
 Todos podemos hacer una reflexión personal a este hecho. Cada uno de nosotros sabrá, por su manera de ser, si le costaría más o menos reconocer los milagros que Jesús hiciera.
Personalmente creo que Jesús no acamparía, estoy casi seguro de ello, porque lo imagino buscando a los más necesitados para darles aliento y esperanza.  Seguro que muchos de sus seguidores le pedirían que se acercase a las acampadas. Él daría un mensaje de paz a todos los que se encontraran allí. Aunque creo que sería un mensaje fuerte, de justicia y de acción. Explicaría a todos los acampados que cada uno de nosotros debemos cuidar a nuestros hermanos y que es necesario trabajar para que el mundo sea mejor, sin egoísmos ni hipocresías, todos por un mismo objetivo. Nos daría el ánimo suficiente para  utilizar y pedir justicia de manera legal y ordenada, con el voto, con huelgas pacíficas, con asociaciones de lucha común, con la acción voluntaria de ayudar a los más necesitados. El camino que hemos empezado sólo es el inicio de un cambio global que es imparable y que está en nuestras manos. Nos aconsejaría que tuviéramos cuidado con esta nueva Democracia. Que, como a un recién nacido, tenemos que cuidar y enseñar para que sea el entorno común, solidario, pacífico y justo que el pueblo quiere. Que actuemos con caridad delante de los que no quieren el cambio, sólo tienen miedo y por eso no será fácil para ellos conseguirlo. Que luchemos en contra del apoltronamiento que no nos deja ver lo que hay a nuestro alrededor, personas sufriendo que nos necesitan. Que levantemos un nuevo espíritu de crítica constructiva, para no permitir la vuelta a este mundo hipócrita y egoísta.
Pero cómo reaccionarían los que podemos llamar actuales “Inquisidores”. Los llamo así como referencia al libro, no porque quemen a nadie en la hoguera, a pesar de que haya muchas maneras de quemar.
Creo que tendrían miedo, como el Gran Inquisidor del relato, de perder el control, de no ganar más dinero, de tener que repartir entre todos lo que han acumulado, de que la gente no estuviera de acuerdo con el actual sistema y todo cambiara.
Bancos, grandes fortunas, medios de comunicación o jefes de estado que no han sido capaces de equilibrar la balanza y favorecer las condiciones de vida al pueblo al que le deben todo.
Inquisidores que siguen acumulando e intentando que, a pesar de la crisis, sus beneficios no mengüen, sin tener en cuenta que hay 5 millones de parados en España (40% de jóvenes menores de 25 años).
Hipócritas que siguen enviando su dinero a paraísos fiscales (un 80% de las empresas del IBEX  – por ejemplo) o creando SICAV para no invertir su dinero en el País que residen, como el resto de sus compatriotas (aunque digan que están Orgullosos de ser de donde son).
Desalmados a los que no se les  mueve un músculo cuando ordenan el desalojo de casas porque las familias ya no pueden pagar sus hipotecas (aunque ya hayan pagado mucho de lo acordado y aunque les devuelvan el piso, que teóricamente tiene un valor suficiente para calmar sus ansias de dinero).
 Fríos y calculadores que no tiemblan a la hora de hacer un ERE (o dejar que otros lo hagan) porque la empresa de donde son responsables ha ganado mucho dinero, pero no tanto como les gustaría.
Ciegos por la codicia de mantenerse en el Poder, incapaces de ver que este país tiene una tasa de pobreza relativa del 20.8 por ciento en 2010 (la segunda en la tasa de pobreza infantil en Europa después de Portugal, 17.2%).
Sordos que no escuchan como el pueblo grita que está HARTO y quiere se difunda su voz.
Hay tantas razones para que estas personas hubieran reaccionado ya, que creo que a Jesús le pasaría igual que en el libro, encerrado para no “entorpecerles” en el camino.
* Datos: Libro REACCIONA de @rosamariaartal (cap. Ignacio Escolar @iescolar)

jueves, 6 de diciembre de 2012

Sólo un paseo

Sólo un paseo pero que maravilla de paseo, cuando paseamos podemos pensar, disfrutar de lo pensado sin prisas, sin horarios, sin límite de llegada, sin horario por tramos, sin endomondos ni programas que nos indiquen en todo momento donde nos encontramos ni cuanto hemos recorrido, es decir, pasear sin un motivo más que el de disfrutar a cada paso que vamos dando. El paseo por una ruta de las muchas que tiene esta isla tan bonita nuestra se convirtió en una experiencia de reencuentro de sentir una re conexión con lo verdaderamente importante.
El frío en la cara. La gota de moco-frío colgando de la punta de la nariz, el primer olor del monte húmedo...que metáforas podrían salir de ahí, la primera carrera de dogen, sólo para estirar los músculos, me recuerda a los niños cuando salíamos al recreo teníamos ganas de correr para sentir el cuerpo, vibrar los músculos, tal como hacía dogen esta mañana cuando saltó del maletero. Gara mas vieja, eso pasa cuando te vas haciendo mayor, saber saborear cada momento, haciéndolo, mas despacio, pero igual de satisfecha, notando su cuerpo como se va desentumeciendo. El olor de la hierba buena, la menta, el pinillo mojado todo eso para el olfato. En la piel, las manos frías con ese frescor fino que te hace estremecer todo el cuerpo, la brisa desmigajándose y refrescando la cara con restos del aroma del mar, en fin sólo un paseo. En la mente un universo de recuerdos y momentos similares mezclados unos con otros, a cada paso, recordando, la vida.
En el espíritu, dos notas tocándolas al estilo miles en la intro de so what y yo paseando con mis perros por el paraje mas bonito del mundo. En un sólo paseo.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Soy lo que queda






Tengo un cuerpo, pero no soy mi cuerpo. 
Puedo ver y sentir mi cuerpo, y lo que se puede ver y sentir 
no es el auténtico Ser que ve. 
Mi cuerpo puede estar cansado o excitado, enfermo o sano, 
sentirse ligero o pesado ,
eso no tiene nada que ver con mi yo interior.
Tengo un cuerpo, pero no soy mi cuerpo.

Tengo deseos, pero no soy mis deseos. 
Puedo conocer mis deseos, y lo que se puede conocer 
no es el auténtico Conocedor. 
Los deseos van y vienen, flotan
en mi conciencia, pero no afectan a mi yo interior.
Tengo deseos, pero no soy deseos.

Tengo emociones, pero no soy mis emociones. 
Puedo percibir y sentir mis emociones, y lo que 
se puede percibir y sentir no es el auténtico Perceptor.
Las emociones pasan a través de mí, pero 
no afectan a mi yo interior.
Tengo emociones, pero no soy emociones.

Tengo pensamientos, pero no soy mis pensamientos. 
Puedo conocer e intuir mis pensamientos, 
y lo que puede ser conocido no es el auténtico Conocedor. 
Los pensamientos vienen a mí y luego me abandonan, 
pero no afectan a mi yo interior.
Tengo pensamientos, pero no soy mis pensamientos.

Soy lo que queda, un puro centro de atención consciente,
un testigo inmóvil de todos estos pensamientos, 
emociones, sentimientos y deseos.

martes, 13 de noviembre de 2012

La apariencia no es la realidad


La apariencia no es la realidad

Tenemos dos maneras de dividir al personal que nos rodea: los introvertidos y los extrovertidos. Los primeros tienden a mostrarse taciturnos, mientras que los segundos prefieren mezclarse con los demás. Luego veremos las otras maneras de diferenciarse no auspiciadas por los consultores psicológicos.

Hasta ayer mismo había que huir de los introvertidos porque sus disquisiciones no nos conducían a ninguna parte, aunque sin sus contribuciones creativas nunca habríamos sabido lo que era la fuerza de la gravedad, lateoría de la relatividad o habría sido muy difícil escuchar los nocturnos de Chopin. ¿Por qué? Sencillamente porque tanto los científicos Newton y Einstein como el músico Chopin fueron grandes introvertidos.
Casi la mitad de la gente observada pertenece a ese grupo sin ser necesariamente tan sabios. Si tuviéramos que definirlos de alguna manera, se diría que a la hora de la verdad los introvertidos prefieren recluirse para dar cauce en la intimidad a sus hallazgos. La otra mitad, constituida por los extrovertidos, no es que sean menos creativos, pero sus conocimientos arrancan del contraste de pareceres con los demás; hablan continuamente, a veces gritan, les gusta liderar y dirigir al resto. Para ellos, el conocimiento es inútil a menos que se mezcle con la acción.
¿Por qué vale la pena traer a colación esta vieja separación entre las dos maneras de ser en que, con bastante acierto, los psicólogos sociales pioneros dividieron a los humanos antes de estudiarlos? Pues porque los últimos años se están caracterizando por ensalzar el estilo extrovertido en detrimento del otro y en todos los campos: académico, corporativo o educativo; se ha medido incluso el éxito social recurriendo a variables vinculadas de una u otra manera a las famosas redes sociales.

Los introvertidos se recluyen para dar cauce en la intimidad a sus hallazgos; en cuanto a los extrovertidos, sus conocimientos arrancan del contraste de pareceres con los demás (imagen: purplemattfish/ Flickr).
Es cierto que se han ido produciendo –sin que la mayoría de los políticos puedan constatarlo– cambios trascendentales en las fotografías y la medición de lo que estaba ocurriendo. Muchas de las decisiones políticas son ahora instantáneas: basta con anunciar públicamente un determinado propósito para que, si se utilizan las redes sociales o no intentan tergiversarlo, se produzca de inmediato. Hasta hace bien poco, la adecuación de la demanda global a las medidas tomadas para modularla –variaciones en la tasa de descuento, por ejemplo– tardaba meses en materializarse, mientras que ahora los gobernadores de los bancos emisores se ven obligados a estudiar a toda prisa que la adecuación de una a la otra puede ser inmediata.
Esos cambios afectan a ciertos postulados científicos que habían sugerido y comprobado distintos investigadores. La ola actualmente vigente de apertura al exterior y de búsqueda de la innovación mediante el contacto e intercambio de información con los demás había conseguido que descartáramos a los introvertidos y solitarios como fuentes del poder cognitivo. Había que formar parte de un núcleo para ser creíble y –yo mismo, debo confesarlo– relegábamos a un segundo, tercero o cuarto puesto lo sugerido por los introvertidos y solitarios. Ahora resulta que donde decíamos «digo» no tenemos otra alternativa que corregir y decir «Diego». Los solitarios también cuentan.
Ya va siendo hora de descubrir –no solo para restregárselo en las narices a tanto charlatán que no se para a pensar si ha podido comprobar lo que defiende– que la apariencia no es la realidad. Hemos construido una sociedad que adula a los que gritan, se disfrazan, cambian su entonación en las clases o las empresas, que no olvidan los gestos necesarios para que los demás crean lo que no se lleva dentro, incluidas las amenazas de volver a machacar, como en el pasado con las armas o la Constitución, a los que sugieren probar otra cosa distinta de la que se está viviendo; sobre todo si se está viviendo mal.

jueves, 6 de septiembre de 2012

La descripción del Jazz al estilo Cortazar


Una fantástica descripción de lo que yo llamo música para los que no se conforman con absolutamente nada y lo cuestionan todo, hasta la misma realidad.

Una música que permitía todas las imaginaciones y los gustos, la colección de afónicos 78 con Freddie Keppard o Bunk Johnson, la exclusividad reaccionaria del Dixieland, la especialización académica en Bix Beiderbecke o el salto a la gran aventura de Thelonius Monk, Horace Silver o Thad Jones, la cursilería de Erroll Garner o Art Tatum, los arrepentimientos y las abjuraciones, la predilección por los pequeños conjuntos, las misteriosas grabaciones con seudónimos y denominaciones impuestas por marcas de discos o caprichos del momento, y toda esa francmasonería de sábado por la noche en la pieza del estudiante o en el sótano de la peña, con muchachas que prefieren bailar mientras escuchan Star Dust o When your man is going to put you down, y huelen despacio y dulcemente a perfume y a piel y a calor, se dejan besar cuando es tarde y alguien ha puesto The blues with a feeling y casi no se baila, solamente se está de pie, balanceándose, y todo es turbio y sucio y canalla y cada hombre quisiera arrancar esos corpiños tibios mientras las manos acarician una espalda y las muchachas tienen la boca entreabierta y se van dando al miedo delicioso y a la noche, entonces sube una trompeta poseyéndolas por todos los hombres, tomándolas con una sola frase caliente que las deja caer como una planta cortada entre los brazos de los compañeros, y hay una inmóvil carrera, un salto al aire de la noche, sobre la ciudad, hasta que un piano minucioso las devuelve a sí mismas, exhaustas y reconciliadas y todavía vírgenes hasta el sábado siguiente, todo eso en una música que espanta a los cogotes de platea, a los que creen que nada es de verdad si no hay programas impresos y acomodadores, y así va el mundo y el jazz es como un pájaro que migra o emigra o inmigra o transmigra, saltabarreras, burlaaduanas, algo que corre y se difunde y esta noche en Viena está cantando Ella Fitzgerald mientras en París Kenny Clarke inaugura una cave y en Perpignan brincan los dedos de Oscar Peterson, y Satchmo por todas partes con el don de ubicuidad que le ha prestado el Señor, en Birmingham, en Varsovia, en Milán, en Buenos Aires, en Ginebra, en el mundo entero, es inevitable, es la lluvia y el pan y la sal, algo absolutamente indiferente a los ritos nacionales, a las tradiciones inviolables, al idioma y al folklore: una nube sin fronteras, un espía del aire y del agua, una forma arquetípica, algo de antes, de abajo, que reconcilia mexicanos con noruegos y rusos y españoles, los reincorpora al oscuro fuego central olvidado, torpe y mal y precariamente los devuelve a un origen traicionado, les señala que quizá había otros caminos y que el que tomaron no era el único y no era el mejor, o que quizás había otros caminos, y que el que tomaron era el mejor, pero que quizá había otros caminos dulces de caminar y que no los tomaron, o los tomaron a medias, y que un hombre es siempre más que un hombre y siempre menos que un hombre, más que un hombre porque encierra eso que el jazz alude y soslaya y hasta anticipa, y menos que un hombre porque de esa libertad ha hecho un juego estético o moral, un tablero de ajedrez donde se reserva ser el alfil o el caballo, una definición de libertad que se enseña en las escuelas, precisamente en las escuelas donde jamás se ha enseñado y jamás se enseñará a los niños el primer compás de un ragtime y la primera frase de un blues, etcétera, etcétera.

I could sit right here and think a thousand miles away, I could sit right here and think a thousand miles away, Since I had the blues this bad, I can’t remember the day...

martes, 7 de agosto de 2012